martes, 23 de abril de 2019

RESEÑA DE EL GRAN DICTADOR, DE CHAPLIN



El gran dictador es la primera película hablada de Charles Chaplin, y el film con qué este actor y director se adentra en los terrenos realistas y dramáticos que caracterizarán buena parte de su obra posterior. Siguiendo la línea iniciada con su anterior película, Tiempos modernos (1935), una crítica al maquinismo y a la mecanización de la sociedad, Chaplin se enfrenta en esta ocasión a un de los temas más dramáticos y preocupantes de la época, el auge de los regímenes totalitarios y la expansión del fascismo a Europa. Y lo hace desde una postura carente del más mínimo rastro de ambigüedad, con convicción y contundencia, una actitud que le provocaría muchos problemas, puesto que los Estados Unidos mantenían en aquel momento una posición neutral respeto al conflicto (de hecho, más adelante, cuando estalló la "Caza de Brujas" en Estados Unidos, Chaplin se vió obligado a huir del país, afincándose en Suiza donde murió).   
Pese a las coincidencias que se establecen entre la película y el desarrollo de los acontecimientos históricos que tuvieron lugar de manera casi paralela (la invasión de Ostelrich por parte del ejército de Tomania y la invasión alemana de Polonia, por ejemplo), el origen de film se remonta al año 1938. Chaplin, que estudió el dictador alemán Adolf Hitler durante cerca de dos años, definió el proyecto como un cóctel de drama, comedia y tragedia que retrataba la silueta grotesca y siniestra de un hombre que se cree un superhéroe y que piensa que sólo tienen valor su opinión y su palabra. El cineasta, de hecho, utiliza la figura de Hitler para realizar una brillante parodia de todas y cada una de las ideas políticas, culturales, sociales y económicas del nazismo, des la superioridad de la raza germánica hasta la sumisión incondicional del individuo a la comunidad, pasando por el antimarxismo y el antisemitismo.




Hynkel, el dictador de Tomania, es presentado como un hombre egoïsta, infantil, inseguro, incapaz de tomar decisiones de ninguna clase y todavía menos de gobernar un país: la bola del mundo con la que juega en una de las escenas más memorables del film, que acaba explotando, física y simbólicamente, en sus manos. Pero Hitler no es el único personaje de carne y hueso que inspiró a Chaplin: el dictador de Bacteria, Benzino Napoloni, está inspirado en el dictador fascista italiano Benito Mussolini. Garbitsch (del inglés garbage: basura), secretario del interior y ministro de propaganda de Hynkel, está inspirado en Joseph Paul Goebbels (1897 - 1945), ministro de educación popular y propaganda del gobierno nazi, y el Mariscal Herring evoca al Mariscal Hermann Wilhelm Göring (1893 - 1946), responsable de las fuerzas aéreas y uno de los máximos dirigentes de la Gestapo, los servicios secretos alemanes. La cruz gamada de los nazis, al mismo tiempo, aparece transformada en una doble cruz aprovechando un juego de palabras anglosajón que implica la idea de estafar.




Chaplin fue el director, productor y guionista de la película, estrenada en 1940. Chaplin adopta desde el principio una estructura dual, mostrando de mananera paralela las actividades del dictador Hynkel y sus colaboradores en la sede del gobierno de Tomania y las peripecias del barbero judío en su regreso a casa tras pasar muchos años en un hospital militar. Esta dualidad sirve al actor y director para parodiar el gobierno fascista y totalitario y, a la vez, para mostrar las pobres y miserables condiciones del gueto judío, atacado regularmente por las fuerzas de asalto del régimen. Pero a diferencia de Hynkel, que basa toda su fuerza en la palabra, el personaje del barbero judío, mucho menos trabajado que el del dictador, juega también un papel clave en el contexto de la filmografia de Chaplin, puesto que representa una clara evolución del personaje que hasta entonces había protagonizado la práctica totalidad de su obra, Charlot, el vagabundo ingenuo y solitario. El personaje del barbero, igualmente solitario y inocente, prácticamente no habla a lo largo de la película y, cuando habla, sus palabras no tienen el menor asomo de relevancia con respecto al desarrollo de la acción. En el momento decisivo de la historia, el discurso final, el personaje se transforma en el verdadero Charles Chaplin (El gran dictador, como ya hemos apuntado, es su primera película hablada), que lanza un canto a la esperanza tan optimista como desesperado. Charlot, alter ego de Chaplin en sus películas anteriores, ha muerto.


Dejamos aquí el discurso final de la película, uno de los mejores alegatos jamás escritos contra la intolerancia y la violencia:


"Realmente lo siento, pero no aspiro a ser emperador. Eso no es para mí. No pretendo regentar, ni conquistar nada de nada. Me gustaría ayudar en lo posible a cristianos y judíos, negros y blancos. Todos tenemos el deseo de ayudarnos mutuamente. La ente civilizada es así. Queremos vivir de nuestra dicha mutua... no de nuestra mutua desdicha. No queremos despreciarnos y odiarnos mutuamente.                                            
En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede garantizar la subsistencia de todos. El camino de la vida puede ser libre y magnífico, pero hemos perdido ese camino. La voracidad ha envenenado el alma de los hombres, ha rodeado el mundo con un círculo de odio y nos ha hecho entrar marcando el paso de la oca en la miseria y en la sangre. Hemos mejorado la velocidad pero somos esclavos de ella. La mecanización que trae consigo la abundancia nos ha alejado del deseo. Nuestra ciencia nos ha vuelto cínicos. Nuestra inteligencia, duros y brutales. Pensamos en exceso y no sentimos bastante. Tenemos más necesidad de espíritu humanitario que de mecanización. Necesitamos más la amabilidad y la cortesía que la inteligencia. Sin estas cualidades la vida solo puede ser violenta y todo estará perdido. La aviación y la radio nos han acercado los unos a los otros. La naturaleza misma de estos inventos requería la bondad del hombre y reclamaba una fraternidad universal para la unión de todos    .
En este momento mi voz llega a miles de seres esparcidos por el mundo. A aquellos que puedan comprenderle les digo: no desesperéis; la desgracia que ha caído sobre nosotros no es más que el resultado de un apetito feroz, de la amargura de unos hombres que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará y los dictadores perecerán, y el poder que han usurpado al pueblo volverá al pueblo. ¡ Y mientras existan hombres que sepan morir, la libertad no podrá perecer!. Soldados, no os entreguéis a esos brutos...hombres que os desprecian y os tratan como esclavos, hombres que regimientan vuestras vidas, imponen vuestros actos, vuestros pensamientos y vuestros sentimientos; que os amaestran, os hacen ayunar, os tratan como ganado y ¡os utilizan como carne de cañón!.No os pongáis en manos d esos hombres contra natura, de esos hombres-máquina con corazones de máquina. ¡Vosotros no sois máquinas!¡Vosotros no sois ganado!¡Vosotros sois hombres!¡Vosotros lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones! No odiéis. Sólo los que no son amados odian. Los que no son amados y los anormales....Soldados, ¡no combatáis por la esclavitud! Combatid por la libertad. 
En el capítulo 17 del evangelio según San Lucas está escrito: "El reino de Dios está en el hombre mismo". No en un solo hombre, ni en un grupo de hombres, ¡en todos los hombres! Y ¡vosotros! Vosotros, el pueblo tenéis el poder para crear máquinas. El poder para crear la felicidad. Vosotros el pueblo tenéis el poder para crear esa vida libre y espléndida...para hacer de esa vida una radiante aventura. Entonces, en nombre de la democracia, utilicemos ese poder... ¡unámonos todos! Luchemos por un nuevo mundo, un mundo limpio que ofrezca a todos la posibilidad de trabajar, que dé a la juventud un porvenir y resguarde a los ancianos de la necesidad. Prometiendo estas cosas gente ambiciosa se ha hecho con el poder, pero ¡han mentido! No han mantenido sus promesas, ¡ni las mantendrán jamás!  Los dictadores se han liberado pero han domesticado al pueblo. Combatamos ahora para que se cumpla esa promesa. Combatamos por un mundo equilibrado...un mundo de ciencia en el que el Progreso lleve a todos a la felicidad. ¡Soldados! en nombre de la democracia, ¡unámonos!"


 


Algunas curiosidades de la película

-- La idea de hacer la película no parte del mismo Chaplin.  Fue el productor y director Alexander Korda, quién insiste a Chaplin para que la haga, debido al enorme parecido de éste con el dictador nazi.
       -- Es la primera película de Chaplin integramente sonora (13 años después del triunfo del sonido en las salas). Aunque en “Tiempos modernos” varios personajes hablan y hay un fondo musical, será “El gran dictador” el primer film en que el público oiga la voz del cineasta (su primera frase es “ What´s that?, ¿Qué es esto?”).
       -- Ambos (Charles  Chaplin  y  Adolf Hitler) nacieron  en  1889, y  con sólo  cuatro días de diferencia.
       -- Chaplin no era judio (su padre si), sino protestante. Judía era la protagonista, pareja suya entonces, Paulette Goddard.
       -- Chaplin decidió cambiar el final de la película durante el rodaje. Eliminó una escena en la que cientos de soldados nazis tiraban sus armas y participaban en un baile tradicional. En  su  lugar,  introdujo  el  discurso  que  da  fin  a  esta  particular  historia.  Se  decidió  a hacerlo tras la ocupación nazi de París.
       -- El film, a pesar de las presiones a las que se vio sometido tras su estreno, permaneció en cartel durante quince semanas.
       -- El gran dictador se prohibió, entre otros, en los siguientes países: Alemania (hasta 1998), España(hasta 1975), Italia (hasta 2002), toda la Europa ocupada (hasta el final de la II Guerra Mundial).


       -- El idioma que aparece en los afiches y demás carteles publicitarios es el esperanto, salvo el término judío (jew).
       -- Se sabe que Hitler (gran aficionado al cine) vio dos veces la película, ya que se hizo traer una copia desde Portugal.
       -- La cruz gamada, símbolo  de los nazis, se traduce al  inglés como double  cross,  que es sinónimo  de  traición.  Así  pues,  el  partido  de  la  cruz  gamada  es  el  partido  de  los traidores, ya que el símbolo es la doble cruz.
       -- El   significado   en   inglés   de   Adenoid   (nombre   de   pila   del   dictador   Hynkel),   es “vegetaciones”. Chaplin da a entender que el solo nombre del verdadero dictador se le atragantaba.  Y  qué  decir  del  origen  del  nombre  Garbitsch,  que  procede  del  inglés garbage, o lo que es lo mismo, basura en español.
      -- Según cuentan sus biógrafos, cuando Chaplin se enfundaba el uniforme del dictador Hinkel, actuaba con más agresividad de lo normal con los miembros del equipo de rodaje. Una actitud que se suavizaba notoriamente cuando interpretaba al barbero judío.
      -- La película acaba con una  pieza de Richard Wagner, Lohengrin. Chaplin invierte, con astucia, el sentido que el nazismo dio a la música de este compositor. También destacar la danza húngara nº 5 de Brahms.
       -- El gran dictador costó dos millones de dólares y se usaron 150.000 metros de negativo.
      -- Por su doble interpretación en "El Gran Dictador", Charles Chaplin obtuvo su pirmera y única nominación para el Oscar al mejor actor. No lo ganó, pero es que aquel año (1940) la competencia no podía ser más intensa. Además de Chaplin los otros nominados eran: Henry Fonda por "Las uvas de la ira", Laurence Olivier, por "Rebeca", Raymond Massey por "Abraham Lincoln" y James Stewart, que fue el ganador, por su inolvidable actuación en "Historias de Filadelfia". Además, "El Gran Dictador" también consiguió otras nominaciones: Jack Oakie, mejor actor secundario por su papel de Napaloni, Meredith Wilson, autor de la banda sonora, y el propio Chaplin por su guión original. Ninguno de ellos ganó el Oscar.


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