martes, 18 de abril de 2017

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (1936-1939)


 Robert Capa. Fotografía de la muerte de un miliciano

La Guerra Civil ha sido el acontecimiento de la historia contemporánea española que más atención ha suscitado tanto en nuestro país como en el exterior. Ello se debe a que supuso el término trágico de las esperanzas depositadas en la modernización política y social que pretendía la II República. El conflicto también ha sido percibido como un precedente de la II Guerra Mundial, en la que se enfrentaron el liberalismo y el socialismo con las derechas fascistas y autoritarias que se estaban adueñando de Europa. No fue, por tanto, el desenlace de un enfrentamiento secular entre las dos Españas, que nunca existieron. Eso sí, el clima radical y de ruptura de la II República, estalló violentamente en la guerra. Su consecuencia inmediata fue el establecimiento de una dictadura que pervivió casi cuarenta años.



LOS ORÍGENES DE LA GUERRA CIVIL: EL ALZAMIENTO MILITAR



En muchas ocasiones se ha dicho que el alzamiento fue una reacción surgida tras el asesinato de Calvo Sotelo. Sin embargo, lo cierto es que todo estaba preparado con mucha anterioridad, y mucho mejor que cuando en 1932 se sublevó el general Sanjurjo. Para algunos, estaba preparado desde semanas atrás; para otros desde febrero del 36 y para otros muchos, desde el 14 de abril de 1931.

Para justificar su acción, los sublevados recurrieron a emplear argumentos como el caos social y el comunismo rampante que reinaban en la España republicana, por lo que era necesaria una cruzada antimarxista. Aludieron también a la necesidad de liberar a la patria de injerencias extrañas, entendiendo como tales las antiespañolas y las anticatólicas.


El alzamiento militar comenzó en Melilla el 17 de julio, y al día siguiente, prácticamente todo el protectorado de Marruecos estaba sometido. El ejército marroquí compondría la fuerza fundamental del bando rebelde. El general de Canarias, Franco, se puso al frente del ejército de África, después de asegurar el éxito de la sublevación en Canarias. En Andalucía, el alzamiento estalló el 18 de julio, dirigido por el general Queipo de Llano, cayendo Córdoba, Sevilla, Cádiz y Jerez, siendo este triángulo el punto de entrada del ejército marroquí. También fueron sometidas las islas Baleares, gracias al general Goded. El 19 de julio se sublevaba Pamplona al mando del general Mola, que consiguió someter Navarra y, en poco tiempo, la meseta del Duero, la Rioja, las capitales aragonesas y Galicia. El general Cabanellas tomaba el mando de Zaragoza.  Así, el general Franco se hacía cargo de los ejércitos del sur y Mola de los ejércitos del Norte. El general Mola fue el organizador y director del golpe, contando con el apoyo de la UME (asociación clandestina de oficiales antirrepublicanos). El general Sanjurjo, que debía hacerse cargo de la dirección, murió en accidente de aviación.
Sin embargo, el alzamiento no se generalizó en toda España, lo cual provocó que el país quedase dividido o escindido en dos zonas, entre las cuales estalló una guerra civil: la llamada zona nacional, dirigida por una Junta de Defensa con sede en Burgos, y la republicana, cuyo gobierno pasó a manos de Giral. El alzamiento había triunfado en Galicia, Castilla y León, Navarra, La Rioja, el Aragón occidental, Baleares, Canarias y varias ciudades andaluzas. Pero fracasó en Cataluña, la Comunidad Valenciana, Murcia, gran parte de Extremadura y de Andalucía. De las grandes ciudades españolas, sólo Sevilla y Zaragoza estaban del lado de los insurrectos. Madrid, Barcelona y Valencia se mantuvieron fieles a la República. La guerra había comenzado y, en contra de todas las previsiones, se alargó durante tres años.

                                              Mapa de la Guerra Civil en Julio de 1936

AYUDA INTERNACIONAL A LOS DOS BANDOS

La guerra civil no puede estudiarse sin el contexto de la situación internacional, porque la intervención extranjera influyó poderosamente en su desarrollo y desenlace. La guerra española fue vista internacionalmente cono un microcosmos donde se enfrentaban las dos concepciones totalitarias del momento: la democracia y el comunismo, por un lado, frente al fascismo por otro. La opinión democrática estuvo a favor de la República, así como la URSS y los partidos obreros. Por el contrario, las dictaduras fascistas, el régimen portugués de Oliveira Salazar, la iglesia y el Papado acabaron dándole el apoyo a los sublevados. Estos últimos obtuvieron una gran ayuda de Alemania y de Italia: aviones, carros de combate, artillería, fusiles, técnicos… Alemania envió a su aviación, la Legión Cóndor, probando nuevas armas experimentales en suelo español.
La República pidió ayuda a las democracias occidentales (en especial Francia, con un Frente Popular también). Pero la respuesta fue muy tibia, pues Gran Bretaña y Estados Unidos mantenían una política de apaciguamiento ante la Alemania nazi, temiendo que el conflicto pudiera extenderse por Europa. Un Comité Internacional se reunió en agosto de 1936 para estudiar la situación española. Las potencias europeas llegaron a un acuerdo de "no intervención", pero, al no tratarse de un pacto que obligase a los comprometidos, desde un principio se contó con ayuda en los dos bandos, mucho más numerosa en el bando nacional. La falta de no intervención de los países democráticos constituyó una inmensa injusticia para la República y fue una de las causas de su derrota, al negar a un estado soberano y legítimo el derecho a adquirir armas para defenderse de una insurrección.
El gobierno republicano tuvo que comprar armas y energía donde y como puedo, en especial a la URSS. De hecho, el gobierno Largo Caballero tuvo que pagar al contado, y envió a Moscú las reservas de oro del Banco de España para hacer frente al pago de las armas compradas (el Oro de Moscú), armamento que nos dieron los soviéticos mucho más anticuado que el que recibieron los sublevados de sus aliados. También recibió una minúscula ayuda del México de Lázaro Cárdenas. Sin embargo, la República recibió el apoyo de las llamadas Brigadas Internacionales, cuerpo formado por voluntarios a nivel particular de todo el mundo, defensores de la democracia y la libertad, y en contra del fascismo. En total llegaron sobre los 40000 milicianos, tanto de Europa como de América, casi todos de ideología izquierdista (republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas…). El gobierno soviético ordenó a la Internacional Comunista que organizara el reclutamiento de de voluntarios de todo el mundo (Brigadas Internacionales), e impulsó movimientos de solidaridad antifascista en los países occidentales.
Por otro lado, la causa republicana atrajo de una manera espectacular las simpatías de toda la izquierda mundial y de la mayoría de los intelectuales. Muchos intelectuales europeos y americanos acudieron a España para apoyar una causa que identificaban con la de las democracias y la revolución social. Algunos dejaron testimonios gráficos significativos, como el fotógrafo Robert Capa, y otros literarios, como el francés André Malraux, el británico Georges Orwell o el estadounidense Ernest Hemingway.

 Calle de Madrid con el lema "No pasarán"

LA EVOLUCIÓN POLÍTICA DE LAS DOS ZONAS              

En España, entre 1936 y 1939 y muy relacionados con la evolución de la guerra civil, había dos gobiernos enfrentados: el de la zona republicana y el de la zona nacional.

EL GOBIERNO REPUBLICANO

El gobierno republicano, de carácter democrático y socialista, evolucionó hacia posturas de izquierda con creciente influencia marxista realizando una política de revolución social. Como consecuencia de la sublevación militar del 18 de julio y tras el intento de un gobierno de conciliación nacional, se formó un gobierno presidido por Giral que inició las nuevas medidas reformistas: decretó la disolución del ejercito tradicional y la creación de batallones de voluntarios, donde debían integrarse las milicias populares. Se formó un nuevo orden revolucionario, integrado por consejos, comités y juntas. También se desarrolló un movimiento anticlerical y antiburgués, que dio lugar a saqueo e incendio de iglesias, monasterios, palacios y fincas agrarias, así como asesinatos, muchos de los cuales fueron simples ajustes de cuenta. Estas acciones afectaron negativamente a la imagen de la República, y el Gobierno se vio impotente para controlarlas y detenerlas. Desde septiembre de 1936 se formaron gobiernos de concentración republicana presididos por Largo Caballero, que se mantuvo como jefe de gobierno hasta mayo de 1937. Este gobierno aglutinaba miembros de muy distintas tendencias: socialistas, azañistas, comunistas, de Ezquerra catalana e incluso representantes de la CNT.

Las reformas se referían a la transformación de la Guardia Civil en Guardia nacional republicana, la incautación de las industrias y tierras abandonadas por sus dueños. Esto último era el inicio de una reforma agraria que dio por resultado la entrega de más de 4 millones de hectáreas cultivadas a los campesinos. Respecto a la industria se comenzó la nacionalización de las líneas férreas, compañías eléctricas, CAMPSA y algunos bancos. También se concedió al País Vasco el Estatuto de Autonomía. Largo Caballero tuvo problemas con los comunistas y anarcosindicalistas. Su gobierno se debilitó definitivamente con los Hechos de Mayo en Barcelona, en mayo de 1937. El gobierno central tuvo que enviar fuerzas militares para desalojar a los anarquistas que se habían atrincherado en el edificio de Telefónica y controlaban las comunicaciones. Hubo enfrentamientos en las calles de Barcelona y el conflicto se saldó con más de 300 muertos, la derrota de anarquistas, y el POUM, la pérdida de atribuciones en materia de orden público de la Generalitat, que pasó al gobierno central, así como una fuerte crisis de gobierno que conllevó la dimisión de Largo Caballero.

A Largo Caballero le sustituyó como Jefe de Gobierno en 1937 el socialista Juan Negrín, que estaría en el poder hasta el final de la guerra. Ahora el poder pasó a los socialistas moderados, sobre los cuales tuvo lugar un proceso de influencia creciente comunista (por la ayuda de la URSS), al mismo tiempo que se produjo la eliminación de la extrema izquierda (los sindicatos UGT y CNT). Su objetivo era la resistencia hasta el fin, aunque no dejó de buscar un acuerdo con el enemigo, cosa harto imposible, pues Franco sólo buscaba la rendición sin condiciones. Negrín tomó medidas para arreglar y ordenar la situación de la República: frenazo a la actuación revolucionaria y respeta la propiedad privada frente a las colectivizaciones. A partir de la primavera del 38 la situación era insostenible: faltaban alimentos y productos de primera necesidad en el territorio republicano, los reveses militares eran continuos y el cansancio se extendía entre la población. En febrero de 1939 celebraron las Cortes de la República su última sesión en territorio español (Figueras), tras la pérdida de Cataluña, y Azaña pasó a Francia donde dimitió de la presidencia. El gobierno de Negrín se vio desplazado por el Consejo Nacional de Defensa formado en Madrid por Casado, Miaja y Besteiro, que se encargó de capitular ante Franco sin condiciones.

 Voladura de los puentes de la ría del Nervión en Bilbao

EL GOBIERNO NACIONAL



La zona nacional, como así se le llamó al territorio ocupado por los militares, mantuvo el orden y la unidad, gracias a la disciplina militar. El gobierno nacional se fue configurando en torno a los militares con inclusión de las fuerzas de derechas, tomando un carácter autoritario y personalista y siguiendo una política centralizadora y contrarrevolucionaria en todos los aspectos: tomó medidas de gobierno opuestas a lo legislado durante la República, contando con la totalidad de las fuerzas conservadoras, incluida la iglesia, que dio al movimiento militar el nombre de Cruzada. Todos los esfuerzos se centraron en la guerra. De acuerdo con la ideología de sus participantes, se elude toda revolución y se tiende a la unificación de mandos en el ejército y en el poder, creándose las bases para el futuro estado franquista.

Poco después de producirse el levantamiento militar se estableció el primer organismo del nuevo gobierno: la Junta de Defensa Nacional, integrada por generales y presidida por Miguel Cabanellas, el general más antiguo entre los sublevados. Suprimió los partidos políticos, la Constitución y paralizó la reforma agraria. El general Franco cada vez fue tomando más poder, sobre todo, tras ser reconocido por Alemania e Italia como único interlocutor válido. En octubre de 1936 el general Franco es nombrado jefe del Estado y Generalísimo de los ejércitos de tierra, mar y aire, con lo que se establece la unidad del poder militar y político, y se organiza como gobierno una Junta Técnica del Estado; el cuartel general del Generalísimo se trasladó a Salamanca. Poco después el nuevo estado fue reconocido por Alemania, Italia, Portugal y el Vaticano.

En abril de 1937 se promulgó el Decreto de Unificación que daba unidad a los grupos políticos integrados en el movimiento nacional (falangistas, carlistas, monárquicos y cedistas), cuyo jefe también fue Franco, con lo que se consolidaba la concentración del poder único en lo militar, civil y político. El partido único (que seguía el modelo fascista) se denominaba Falange Española Tradicionalista y de las JONS, siendo, por tanto, asimilados las demás entidades políticas. Se adoptó el uniforme con la camisa azul de Falange y la boina roja de los carlistas, así como el saludo fascista con el brazo en alto. Se iniciaba entonces la labor administrativa y legislativa del estado nacional, tomando como base los principios ideológicos de Falange Española, cuyo líder, José Antonio Primo de Rivera, fue fusilado por los republicanos al inicio de la guerra. 

En enero de 1938 se suprimió la Junta Técnica del Estado y se formó el primer gobierno civil‑militar presidido por Franco en Burgos, ciudad que ostentaría la capitalidad de la España nacional hasta el fin de la guerra. Franco asumía la Jefatura del Estado y la presidencia del gobierno. Junto a esta labor unificadora, se llevó a cabo una contrarrevolución, quedando derogadas las disposiciones reformistas republicanas: se suprimieron las libertades religiosas, política y sindical; se impuso la censura en la prensa y en los medios de comunicación; se suprimieron los estatutos de autonomía, la reforma agraria y se estableció la pena de muerte. Por otro lado, se respetaba la influencia y el poder de la iglesia católica: el nuevo Estado era claramente confesional y derogó las leyes del matrimonio civil y el divorcio, estableció el culto religioso en la enseñanza e instituyó una retribución estatal al clero. El nuevo Estado recibió el apoyo explícito de la iglesia católica, que en julio de 1937 hizo pública una Pastoral Colectiva de los obispos españoles (encabezada por el cardenal primado de España Isidro Gomá), demostrando su adhesión a los sublevados. Bien puede decirse que la sublevación no respaldó a la iglesia católica, sino que la iglesia católica apoyó a la sublevación.

La primera legislación del estado nacional fue el Fuero del Trabajo (marzo del 38), en el que se establecía el derecho y el deber de todos los españoles al trabajo, las huelgas eran consideradas como delitos de lesa patria y se configuraba el sindicato vertical y único, que agrupaba a empresarios y trabajadores. En abril se publicó la nueva Ley de prensa, en la que se establecía la censura previa a toda clase de publicaciones periódicas o no. La nueva plasmación de la ideología se hacía a través del nuevo escudo, nuevas monedas y las fiestas, muy cargadas de conmemoraciones políticas. Se suprime todo lo opuesto a la unidad: se abolieron los estatutos y se uniformaron las lenguas en el castellano. La construcción del nuevo Estado franquista fue acompañada de una violencia extrema, cuyo objetivo era la aniquilación de los vencidos en los territorios que se ocupaban.

 
  Cartel del ejército popular republicano

DESARROLLO Y ETAPAS DE LA GUERRA CIVIL



Una vez fracasado el alzamiento en varias partes de España, se inicia la guerra. El gobierno de la República tardó en reaccionar al levantamiento. El presidente de la República, Casares Quiroga, no tomó medidas para frenar el golpe y se negó a armar a la población. Tuvo que dimitir y Azaña nombró presidente a José Giral, republicano del mismo partido que Azaña, cuya primera medida fue la entrega de armas a los sindicatos y partidos obreros del Frente Popular. Así comenzaba el conflicto armado.



1)     1936. La defensa de Madrid



El Plan inicial de los nacionales era ocupar Madrid para terminar rápidamente la guerra. El ejército de Marruecos logró pasar el Estrecho gracias a la ayuda de la aviación italiana, estableciéndose un puente aéreo entre Tetuán y Sevilla. Mientras tanto, consolidada la República en toda Cataluña, los ejércitos republicanos avanzan con rapidez hacia Aragón, logrando estabilizar el frente en esta zona.

Al empezar la guerra, los republicanos mantenían su dominio sobre los principales centros industriales (Cataluña, País Vasco, Cantabria y Asturias) y las zonas de agricultura intensiva de exportación (Valencia y Murcia).

El primer objetivo de los sublevados era tomar Madrid. Así, el ejército nacionalista del sur, bajo el mando del general Yagüe, avanza hacia Madrid, y así, toma Mérida y Badajoz (desagradable matanza del general Yagüe en la plaza de toros de Badajoz), consiguiendo enlazar con la zona sublevada del norte. En vez de continuar su marcha hacia Madrid, Franco se desvía para tomar Toledo, y con ello liberar el Alcázar.  En septiembre, Franco puso fin al cerco del Alcázar de Toledo (varios militares sublevados en su interior) y toma dicha ciudad. La toma de Madrid estaba al caer. A finales de octubre la República decreta una movilización general para salvar la capital y nacen consignas míticas como “No pasarán” o “Madrid, tumba del fascismo”.

En noviembre el gobierno republicano se traslada a Valencia, dejando Madrid en manos de una Junta presidida por el general Miaja. Madrid resiste gracias a la llegada de las primeras Brigadas Internacionales y la columna anarcosindicalista llegada de Barcelona, la Columna Libertad, al mando de Buenaventura Durriti. A partir de entonces, la defensa de la capital se hizo a través de las Columnas, tropas republicanas compuestas por milicianos y voluntarios de partidos y sindicatos. Los ejércitos nacionales llegan hasta las puertas de Madrid, pero la capital resistió el ataque y el frente se estabilizó a fines de 1936.

  Soldados alemanes de la Legión Cóndor

2)     1937. Las batallas del Jarama y de Guadalajara. La batalla del Norte



1937 es el año crítico de la guerra. Fracasado el intento de entrar en la capital, los sublevados emprendieron dos maniobras envolventes para aislar Madrid y cortar sus comunicaciones con Valencia (sede del gobierno republicano). Ambas partes intentan fortalecer su retaguardia.

Málaga cae en febrero en poder de los nacionales, que intentan después un nuevo asalto a Madrid Una primera maniobra fue la batalla del Jarama, en febrero del 37, en la que los sublevados cruzaron el río, pero fueron detenidos por los republicanos y no consiguieron incomunicar la ciudad. En marzo se produce la batalla de Guadalajara, donde las tropas fascistas italianas sufrieron una espectacular derrota a manos del Ejército Popular de la República. Fue la primera gran victoria republicana.

Franco decidió cambiar de estrategia, abandonando el ataque a Madrid y trasladar el frente a la cornisa cantábrica, desplazándose los combates entre abril y octubre de este a oeste. En mayo caerá Bilbao (célebre bombardeo alemán e italiano sobre Guernica, primer bombardeo aéreo mundial sobre población civil, que causó un gran número de víctimas) en manos nacionales, tomando así la rica zona industrial y portuaria. Para cortar la ofensiva del norte, las tropas republicanas del centro lanzaron un gran ataque para cortar las comunicaciones de los ejércitos nacionales. Será la llamada batalla de Brunete, cerca de Madrid, que no logrará detener la caída de Santander (agosto) y Gijón (septiembre-octubre). Toda la cornisa cantábrica quedaba en manos de los nacionales. A finales de año, los republicanos lanzan una gran ofensiva en Aragón: fracaso en Belchite en diciembre, planteándose la guerra ahora en este frente.

En diciembre de 1937, el ejército republicano había sido reorganizado con la creación de las Brigadas Mixtas, a cuyo mando estaba el general Rojo, el defensor de Madrid. El ejército se dotó de mandos profesionales y en él se integraron los cuadros procedentes de las milicias populares (Modesto, Líster…). El nuevo ejército republicano desencadenó una gran batalla en el invierno del 37-38 en torno a Teruel. La batalla de Teruel termino con la toma republicana de dicha ciudad, hasta el mes de febrero de 1938.



3)     1938. La ruptura del territorio republicano y la Batalla del Ebro



Tras el ataque republicano sobre Teruel, el ejército nacional realizó una gran ofensiva sobre el frente de Aragón, recuperando Teruel en febrero de 1938. Se desencadena el ataque hacia la costa mediterránea, atravesando el Maestrazgo.  En abril de 1938 los nacionales lograron uno de sus principales objetivos: llegar al Mediterráneo por el País valenciano (Vinaroz, Castellón), dividiendo la España republicana en dos partes, dejando aislada a Cataluña y haciendo más difícil su resistencia. Incluso el ejército nacional puedo haber tomado Cataluña en ese momento y terminar la guerra, pero no lo hizo, pues se prefirió continuar la ofensiva hacia el sur, con combates en Castellón y Valencia.

La batalla del Ebro fue uno de los mayores episodios militares de la guerra. Se produjo entonces la ofensiva republicana con el cruce del Ebro, en julio del 38, que se transformó en una larga batalla de desgaste (Batalla del Ebro, de julio a noviembre), con la victoria final de los llamados nacionales. Tras el ataque sorpresa de los republicanos, Franco envió grandes refuerzos, incluidas las aviaciones alemana e italiana, y consiguió detener el ataque, para más tarde contraatacar, replegándose el ejército republicano en la otra orilla del río. Mientras los nacionales avanzaban ocupando todo el sur de Tarragona y el Ebro. Esta victoria hizo inclinar definitivamente la guerra hacia el bando nacional.

En el contexto internacional, las grandes potencias europeas (Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia), habían dejado totalmente abandonada a la República española en la Conferencia de Múnich, octubre de 1938.

 
 Gráfica de fuerzas sublevadas y leales a la República


4)     1939. El final de la guerra



A comienzos de 1939 y como consecuencia del hundimiento del frente del Ebro, Franco y el ejército nacional decidieron continuar su ofensiva por Cataluña y hacia el Pirineo, siendo ocupada Barcelona (enero) y toda la región catalana, prácticamente sin lucha. Esta acción provocará el reconocimiento por parte de Francia e Inglaterra del gobierno franquista. La caída de Girona significó la huida hacia Francia de miles de refugiados, entre ellos el gobierno republicano (instalado en Barcelona desde octubre de 1937). La zona republicana quedó así reducida al territorio del centro (Madrid) y sureste (desde Valencia a Almería). Una vez tomada Barcelona, el gobierno y ejército republicano se hunden. Azaña dimite como presidente de la República, sustituyéndole Martínez Barrio. Madrid resiste aún durante algún tiempo. Se produjeron entonces divisiones internas entre los republicanos sobre la continuación de la guerra (Negrín, comunistas, anarquistas) o la rendición (socialistas, generales), formándose en Madrid un Consejo de Defensa, dirigido por el coronel Casado (gobierno antagónico al de Negrín) para negociar la rendición al margen del gobierno republicano. A comienzos de marzo se produjo en Madrid una sublevación contra el gobierno de la República dirigida por el coronel Casado, contrario a continuar la guerra y a la influencia de los comunistas en el gobierno Negrín. El golpe se produjo en marzo, controlando Madrid tras lucha con los comunistas. La Junta de Defensa, que negociarían con Franco, la formaban Casado, el socialista Julián Besteiro y miembros de la UGT. Solicitaban una “paz honrosa”, apelando a la “generosidad de Franco”. Franco exigió la rendición sin condiciones. A finales de marzo fue ocupado Madrid y en los días siguientes el resto de la zona republicana (territorio mediterráneo). La victoria total de los nacionales quedó simbolizada en el último parte de guerra de Franco en Burgos, el 1 de abril: la contienda civil había terminado, mientras los republicanos eran sometidos o marchaban al exilio.

 Mapa del final de la guerra en marzo de 1939


LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA CIVIL




La guerra había concluido, pero sus terribles consecuencias iban a estar presentes durante decenios en España. En primer lugar, tenemos las consecuencias económicas: el pago del gasto de la guerra por ambos bandos fue muy elevado. El haber usado el gobierno republicano las reservas de oro para comprar armamento acabó con las reservas monetarias de la zona republicana. El bando sublevado tuvo que abonar mucho dinero tras finalizar el conflicto, en gran parte dejando que Alemania explotara las reservas mineras de la península y del África Española del momento, por lo que hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial casi no tuvieron posibilidad alguna de obtener ingresos. España había quedado devastada en algunas zonas, con pueblos, viviendas (200000), campos, fábricas y medios de comunicación totalmente asolados. La producción industrial se reduce en un 30% y la agrícola en un 20%. La renta per cápita descendió un 30% y la riqueza nacional en un 25%. La economía española tardaría décadas en recuperarse.

En cuanto a las consecuencias demográficas, la Guerra dejó un terrible saldo de víctimas, destacando los muertos, tanto militares como civiles, pero sin olvidar a los heridos, mutiliados, desaparecidos, huérfanos, viudas… El número de fallecidos en la Guerra Civil es difícil de dilucidar, y solo puede ser estimado. Hoy parece que la cifra puede rondar el medio millón de personas, incluyendo a los fallecidos en combates con las víctimas de la repression (en especial, las ejecuciones masivas del bando sublevado). A ellos habría que añadir los que murieron por maltrución, hambre y enfermedades derivadas de la Guerra. La cifra que antes se daba del millón de muertos parece hoy excesiva. Además, hacia el final de la Guerra, población procedente de toda España y miles de dosldados en retirada se concentraron en Cataluña para cruzar la frontera francesa. En los primeros meses de 1939 medio millón de españoles pasaron la frontera hacia Francia. Mientras, otros miles huían en barcos hacie el norte de África o hacia América. Francia y México fueron los lugares que acogieron a más españoles. También la URSS acogió a españoles.

Por otro lado, como consecuencias culturales, es incalculable la pérdida en el patrimonio histórico y artístico de la Iglesia católica, pues se destruyeron unos 20 000 edificios (entre ellos varias catedrales), incluyendo su ornamentación (retablos e imágenes) y archivos. Pero también había que incluir edificios históricos civiles, bibliotecas, archivos, colecciones de arte… También habría de considerarse como pérdida cultural importante, la cantidad de intelectuales españoles que se vieron obligados a exiliarse, ya que numerosos escritores (Rafael Alberti, Pedro Salinas, Ramon J. Sender, C. Sánchez Albornoz…), artistas (Pablo Picasso, Oscar Domínguez, Luis Buñuel…), científicos (Severo Ochoa), catedráticos (Américo Castro, Fernando de los Ríos…) y profesionales abandonaron el país. En sus lugares de residencia, especialmente América y Francia, desarrollaron sus carreras, restando a nuestro país esa carga de sabiduría.

 
 Estadística con las víctimas de la Guerra Civil


En las consecuencias políticas, habria que decir lque la Guerra destruyó la convivencia y el frágil sistema democrático alumbrado por la II República, y fue sustituido por una dictadura military, de inspiración fascista, que se prolongará durante casi cuarenta años, que inició un durísimo sistema represivo contra el bando perdedor.

Las repercusiones políticas y emocionales de la guerra trascendieron de lo que es un conflicto nacional, ya que, por muchos otros países, la Guerra Civil española fue vista como parte de un conflicto internacional que se libraba entre la religión y el ateísmo, la revolución y el fascismo. Para la URSS, Alemania e Italia, España fue terreno de prueba de nuevos métodos de guerra aérea y de carros de combate. Para Gran Bretaña y Francia, el conflicto representó una nueva amenaza al equilibrio internacional que trataban dificultosamente de preservar, el cual se derrumbó en 1939 (pocos meses después del fin de la guerra española) con la Segunda Guerra Mundial. El pacto de Alemania con la Unión Soviética supuso el fin del interés de esta en mantener su presión revolucionaria en el sur de Europa.

Como consecuencias morales, la guerra dividió a la sociedad española en dos bandos, vencedores y vencidos, y esa división permaneció por mucho tiempo, con gran resentimiento.

En cuanto a la política exterior, la Guerra Civil española supuso el aislamiento de España y la retirada de embajadores de casi todo el mundo. Solo unos pocos países mantuvieron relaciones diplomáticas con España desde el final de la II Guerra Mundial hasta el inicio de la Guerra Fría. A partir de los años 50, las relaciones internacionales españolas, con el apoyo de EE.UU., pasan a ser casi normales, salvo con los países del Bloque Soviético.

Pero, como en toda guerra, hubo grupos que se beneficiaron de la nueva situación, como los terratenientes, el ejército y la iglesia, que se convirtieron en elementos hegemónicos en la nueva sociedad franquista. También se restableció la autoridad en las empresas. Algunos negocios se reabrieron; otros surgieron a causa de las inversiones de burgueses avispados que colonizaban la zona republicana recién conquistada. A estos grupos se añadió una pequeña burguesía urbana y rural, especialmente beneficiada en las zonas donde triunfó la sublevación.

Entre los individuos favorecidos surgió una nueva figura, la del excombatiente, que, como premio a su colaboración en la guerra, fue compensado con puestos en la Administración y concesiones a sus negocios.

 
 Fotografía de como quedó el pueblo de Belchite en Zaragoza.

Un capítulo aparte es la represión que se dio durante y al acabar la guerra. Además de los fusilados, hay que contar con los presos e internados en campos de concentración franquistas, los condenados a trabajos forzosos en obras faraónicas (Valle de los Caídos en Madrid o Canal de los Presos en Sevilla) y las personas que permanecieron escondidas en desvanes, sótanos, buhardillas y hasta en baúles y armarios (algunos durante treinta años), conocidos como los topos. También estaban los que practicaban el exilio interior por sus propias convicciones o a causa del rechazo de sus vecinos tras haber estado en la cárcel o un campo de concentración. A ellos, habría que añadir los depurados, es decir, aquellos que fueron expulsados de la Administración y de determinadas profesiones (muchos profesores de enseñanza laica). Estos hechos afectaron al panorama económico y social del país durante años y produjeron también un devastador efecto psicológico. Algunos antifranquistas, para evitar la represión, constituyeron, al finalizar la Guerra Civil, una guerrilla conocida como Maquis, que se refugió en los montes y hostigaba los cuarteles de los pueblos cercanos. Sus miembros bajaban a los pueblos a ver a la familia y obtener provisiones.

 
Último parte de guerra de Franco en Burgos, 1 de abril de 1939

Aqui, en este enlace teneis el tema en documento de texto:


 

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