martes, 28 de febrero de 2017

EL REINADO DE ALFONSO XIII. (19O2‑1931)



                                                                    El rey Alfonso XIII

LA MONARQUÍA DE ALFONSO XIII (1902-1923)

En mayo de 1902 Alfonso XIII alcanza la mayoría de edad e iniciaba su reinado personal. En contraste con la reina regente, siempre minuciosa acatadora del orden constitucional, el joven rey mostrará gran interés por la participación activa en política. La época de Alfonso  XIII tiene desde sus comienzos unos caracteres básicos que condicionan su evolución y fracaso final. En primer lugar, las repercusiones y consecuencias de la crisis del 98 que provocan en la vida nacional una crítica colectiva; en segundo lugar, los intentos de regeneración del sistema; en tercero, el fracaso de tales intentos sin acertar a resolver los problemas planteados y el mantenimiento constante de una clara separación entre la España oficial y la España real.



LAS BASES DEL SISTEMA PARLAMENTARIO



El reinado de Alfonso XIII es políticamente el intento de mantener y renovar el sistema parlamentario. Para ello era necesario resolver los problemas existentes: normalizar el funcionamiento político, con renovación de los partidos dinásticos y dando autenticidad a las elecciones; incorporar al sistema político los partidos marginados y en la oposición; atender las justas reivindicaciones de los obreros; satisfacer los planteamientos del regionalismo, entre los que el catalanismo era el más activo; calmar la inquietud de ejército agravada por el continuo problema de Marruecos. Pero la monarquía parlamentaria acabó con su fracaso y su caída ya que el sistema fue incapaz de atender a tales cuestiones, produciéndose la descomposición de los partidos políticos dinásticos. También se mantuvo el mantenimiento de la corrupción electoral, la incapacidad para ampliar las bases, sin integrar a nuevos partidos, el desarrollo constante de los movimientos regionalistas y obreros, el socialismo y anarquismo, así como el mantenimiento de la guerra de Marruecos.

Junto a las bases sociopolíticas, están las económicas y culturales; esta situación se produce al mismo tiempo que hay un progreso socioeconómico apreciable en el crecimiento demográfico y en el desarrollo económico en todos los sectores. En lo cultural se llega a la plenitud de la Edad de plata del esplendor artístico y literario, destacando la Generación del 98 y los poetas modernistas.


 Antonio Maura, jefe del Partido Conservador


LOS PARTIDOS POLÍTICOS



Por estos años, en que cambia el siglo, se produce también el relevo biológico de una generación de políticos por otra. Los grandes políticos de la primera etapa de la Restauración, Cánovas, Sagasta y Silvela, mueren entre 1897 y 1905. Toman el relevo los políticos nacidos a mediados del siglo XIX: Antonio Maura, que sustituye a Silvela en la jefatura del partido Conservador; José Canalejas, que será la figura más destacada del Partido Liberal; Pablo Iglesias, jefe del Partido Socialista.
Elemento fundamental en la vida de la monarquía parlamentaria son los partidos políticos, sobre todo los dinásticos, que mantienen durante la mayor parte del reinado el turno pacífico. Estos son dos:
 ‑‑ El Partido Conservador, tras la muerte de Cánovas, mantiene su unidad y organización con las jefaturas sucesivas de Silvela y de Maura, su figura más destacada, hasta la aparición de Eduardo Dato, opuesto al Maurismo, que hace dividirse al partido.
‑‑ El partido Liberal, tras la muerte de Sagasta tendrá en su líder más sobresaliente a Canalejas, produciéndose también desde 1913 rivalidades internas entre García Prieto y Romanones que dirigen el partido más tarde.
Los partidos políticos en la oposición al sistema son:
‑‑ Los Republicanos, que sufrieron transformaciones renovadoras surgiendo nuevos partidos republicanos como la Unión Republicana (Salmerón) o el Partido Republicano Radical de A. Leroux. En 1912 nació el Partido Reformista, de Melquiades Álvarez, al que se acercaron intelectuales como Manuel Azaña o José Ortega y Gasset.
‑‑ El PSOE integrado en la II Internacional (fundada en 1889 y que unió a todo el socialismo hasta 1914) y relacionado con el sindicato obrero UGT, mantuvo un continuado crecimiento durante todo el reinado. A Pablo Iglesias le siguieron en la jefatura del partido J. Besteiro e I. Prieto en los años veinte.
‑‑ El partido Carlista va a atravesar una época de escasa influencia y actividad, con divisiones internas entre tradicionalistas e integristas, para unirse finalmente en la II República en la Comunión Tradicionalista.

LOS GRANDES PROBLEMAS

A) El problema político. El sistema empieza a fallar al faltarle unidad y homogeneidad a los partidos políticos dinásticos. La falta de personalidad y figuras destacadas harán que surjan divergencias dentro de los partidos. Sin embargo, lo verdaderamente grave era que las masas del país no intervenían realmente en la vida política, a pesar del establecimiento en 1890 del sufragio universal. Seguía habiendo caciquismo para conseguir votos, de manera que siempre triunfaba en las elecciones el partido que estaba en el poder. El cambio de partidos en el gobierno no se producía en una consulta electoral, sino que porque una crisis o un amplio movimiento en contra del partido en el poder hacía que la corona llamara a gobernar al partido de la oposición.
B) El problema agrario. En un país tan rural como España, con dos millones de trabajadores sin tierras propias, las reformas agrarias del siglo XIX no habían dado resultado y la tierra seguía estando en manos de unos pocos. Fracasada la vía de la desamortización, se intentó solucionar el problema mediante la extensión del regadío. Se inician, así, los distintos planes de aprovechamientos hidráulicos (1902,1916...), que no dieron los resultados esperados.
C) La cuestión social se explica por las pésimas condiciones humanas en las que vivien los obreros: salarios inseguros y bajos, jornada laboral excesiva, falta de protección en caso de accidentes o enfermedad, falta de higiene y vivienda en las ciudades, etc. Los gobiernos empiezan a preocuparse más por estos problemas. 
El movimiento obrero sigue planteando reivindicaciones  de carácter laboral y sindical. Así destaca UGT como sindicato obrero socialista con amplia base popular y una gran organización (150.000 afiliados en 1913), defensora de los derechos del proletario con carácter moderado. La tendencia más radical de la lucha obrera estuvo representada por el anarquismo y su sindicato fundado en 1911, la CNT, que lleva a cabo actitudes revolucionarias y de tipo terrorista (huelgas, sabotajes y terrorismo). Las crisis de 1909 y de 1917 están íntimamente relacionadas con estos hechos. 

D) El problema regionalista adquiere un gran desarrollo en Cataluña, País Vasco y Galicia, siendo el más importante de todos el catalán. Las grandes reivindicaciones catalanistas serán el deseo de ruptura con el sistema turnista de la Restauración y el afán proteccionista para la industria textil. Esto ya se recogía en las Bases de Manresa de 1892. A partir de entonces se van a desarrollar los partidos políticos catalanes, destacando la LLiga Regionalista, fundado en 1901, siendo sus lideres más destacados Prat de la Riba y F. Cambó. El regionalismo catalán consiguió un gobierno autónomo en materia administrativa (obras públicas, transportes y servicios) de gran eficacia, desde 1914 a 1925, la Mancomunidad de Cataluña.
En esta época surge también el nacionalismo vasco en torno a Sabino Arana y al Partido Nacionalista Vasco, que tuvo una escisión, para luego reunificarse nuevamente. También se vislumbra el inicio del nacionalismo gallego y el andaluz, con la figura de Blas Infante.
E) El problema militar se manifiesta desde el desastre del 98 y la cuestión de las responsabilidades, con una tendencia hacia el desprestigio del ejército como estamento, a la que el militar es sensible reaccionando con una conciencia de cuerpo, que lleva a la formación de las Juntas de Defensa (1916) con presión en la vida política. La cuestión de Marruecos era además la única actuación exterior y militar española: se inicia en el aspecto diplomático con los acuerdos hispano‑franceses de 1902 a 1912 fijando la zona del protectorado compartido; desde 1909 comienza la ocupación militar dando lugar a una larga y costosa guerra hasta que en 1925 Primo de Rivera realiza la ocupación total del territorio y su colonización.

 Barricadas durante la Semana Trágica de Barcelona, en julio de 1909

EVOLUCIÓN POLÍTICA DEL REINADO

La primera fase del reinado de Alfonso XIII se caracteriza por los intentos de mantener con normalidad el funcionamiento del sistema parlamentario heredado del siglo anterior, y que suponen la realización de algunas renovaciones adecuadas. Con anterioridad a la mayoría de edad de Alfonso XIII, la reina María Cristina nombró Jefe de Gobierno al líder del partido Conservador, Francisco Silvela, quién mostró una cierta voluntad de renovación (Revisionismo político): proyectos de descentralización administrativa y nuevos impuestos (ministro Villaverde) para paliar las deudas contraídas durante la guerra de Cuba, que provocó grandes protestas. En 1901 la reina otorgó de nuevo el poder a los liberales. Así, el espíritu de regeneración había durado un año y las viejas prácticas del turno de partidos volvieron a aparecer.
Entre 1902 y 1912 se producen los principales intentos de renovación del sistema: desde el comienzo del reinado en 1902, se suceden una serie de fugaces gobiernos integrados por el partido conservador o por el liberal en la rutina de continuar el turno pacífico.
El primer intento serio de renovación interna se produce por Maura al frente de un gobierno conservador entre 1907 y 1909 con un decidido programa de saneamiento interno y desarrollo de la vida nacional y de participación exterior, como en la cuestión de Marruecos. Su proyecto de ley de administración local no será aprobado, perdiéndose una ocasión histórica de acabar con la corrupción y el caciquismo en la vida municipal. Él pretendía hacer la revolución desde arriba y para ello intentó ampliar la legislación social y admitir el movimiento obrero en la política (Ley de descanso dominical, Instituto Nacional de Previsión...). También se llevó a cabo una reforma electoral (1907) que, aunque no acabó con la corrupción, hizo más difícil el fraude electoral.
Fue la guerra marroquí, lo que provocó la caída de Maura. En Marruecos se mantiene la política de ocupación y penetración, donde, en 1909, cuando se intenta asegurar posiciones en torno a Melilla, ocurre el desastre del Barranco del Lobo. Maura se pone nervioso y comete el error de movilizar a los reservistas, lo que crea una violenta tensión social, y todo un movimiento de protesta de las organizaciones obreras (republicanos, socialistas y anarquistas), que desembocará en la llamada "Semana Trágica de Barcelona", en julio de 1909. Los sindicatos y anarquistas fueron dueños durante unos días de Barcelona: un centenar de muertos, iglesias y conventos saqueados, media ciudad destruida fue el balance del movimiento revolucionario, que fue controlado, tras declararse el estado de guerra, por la falta de dirección y de fines.
Una vez restablecido el orden, se llevó a cabo una represión contra el anarquismo, recayendo las responsabilidades por los sucesos en un anarquista, Ferrer Guardia, fundador de la Escuela Moderna (centro de enseñanza anarquista), que es fusilado. Todas las fuerzas políticas del país se alzan contra Maura, que tiene que dimitir.

El segundo intento, de tipo democrático,  fue obra de Canalejas con un gobierno liberal, entre 1910 y 1912, haciendo frente a todos los problemas planteados (político, marroquí, regional, social) en un sincero afán de renovación y solución. En su política renovadora destaca la constitución de la Mancomunidad catalana (1914, aprobada ya con el gobierno conservador) o gran autonomía en materia administrativa en las cuatro provincias catalanas. Profundizó en la separación Iglesia-Estado y sacó la Ley del Candado en 1910 (Prohibición de nuevas órdenes religiosas). Continuó con la labor de controlar los desmanes del movimiento obrero y reafirmándose la ocupación española en el norte de África.
La muerte de Canalejas (asesinado por un anarquista delante de los escaparates de una librería en la Puerta del Sol) precipitó la desintegración del partido liberal, como la caída de Maura había hecho con el conservador. Disgregados ambos partidos entre distintas tendencias y jefaturas, la falta de cohesión se agravó con el estallido de la I Guerra Mundial, pues aunque España permaneció neutral, las fricciones entre los partidarios de los aliados (aliadófilos o izquierdistas) o de las potencias centrales (germanófilos o derechistas) eran muy fuertes.

 Huelgas en España entre 1916 y 1922

CRISIS Y CAÍDA DE LA MONARQUÍA (1917‑1931)

Una profunda crisis se advierte en España desde comienzos del siglo XX, coincidente con la crisis general de Europa en estos años. Eran muchos los problemas por resolver: desde el punto de vista político, se mantenía el sistema de la Restauración, encerrado ya en un callejón sin salida; desde el punto de vista económico, continuaba sin realizarse la revolución industrial, cuando ya había triunfado en toda Europa Occidental; desde el punto de vista social, las reivindicaciones obreras no encontraban, ni en el estado ni en la burguesía, interlocutores adecuados, desembocando, bajo la presión del anarcosindicalismo, en frecuentes luchas callejeras. Al lado de todo esto, otro problema: el agrario, ya que seguía sin solucionarse la grave situación  de millones de campesinos sin tierras, provocando una situación de constante conflicto. Tras el estallido de la I Guerra Mundial, el gobierno conservador de Eduardo Dato mantuvo al país neutral, lo que permititó exportar productos industriales y agrarios a ambos contendientes. Pero al dedicarse gran parte de la producción a la exportación, los precios interiores sufrieron un alza desorbitada, creciendo el malestar social dirigido por las organizaciones obreras, que desembocó en el movimiento huelguístico del verano de 1917.

LA CRISIS DE 1917

Al estallar la Primera Guerra Mundial, España permanece neutral, y se inicia un auge económico de negocios basados en exportaciones a los beligerantes, que se atenúan a partir de 1917, y mucho más al acabar la guerra. La carestía de la vida, la influencia de la revolución rusa del  17  al incidir en el socialismo español  y  los gravísimos  problemas políticos y sociales contribuirán a esta crisis, dando lugar a los siguientes fenómenos:
‑‑ Movimiento militar: Aparecen en el ejército las llamadas "Juntas de Defensa", movimiento de sindicalismo castrense a través del cual los militares querían defender sus intereses. Las Juntas dialogaron de poder a poder con el gobierno de Dato, poniendo de manifiesto la debilidad del poder civil frente al ejército. Las Juntas reclamaron un aumento salarial y se oponían a los ascensos por méritos de guerra, reivindicando la antigüedad en el cuerpo.
‑‑ Problema regionalista: Las tres Diputaciones vascas, solicitan al gobierno un estatuto de autonomía, y los catalanes, que lo vienen pidiendo de tiempo atrás, encuentran una cerrada oposición a sus reivindicaciones autonómicas, pues éstas se ven como un atentado a la unidad nacional. Por eso el catalanismo, liderado por Cambó, derivará hacia posiciones radicales y separatistas.
‑‑ Asamblea de Parlamentarios: La negativa de E. Dato en 1917 a la convocatoria de Cortes suscitó un poderoso movimiento de todas las fuerzas de oposición, tanto de los regionalistas, republicanos y reformistas, como los radicales y socialistas. Diputados de toda España se reunieron ilegalmente en Barcelona, reclamando una nueva Constitución y una nueva estructura política descentralizada. Esta especie de parlamento extra‑legal fue disuelta por la Guardia Civil, frustrándose las esperanzas de un auténtico sistema parlamentario.

 Fotografía de la Huelga general en Barcelona en 1917

La unión del ejército, la burguesía política y el proletariado provocarán la gran Huelga general revolucionaria de agosto de 1917, convocada por la UGT y la CNT, ocasionando graves desórdenes, disturbios y muertos. El gobierno tiene que acudir al ejército para controlar la situación, sobre todo en Cataluña y las zonas mineras del norte, ante el aspecto que estaba tomando la huelga de auténtica revolución. La acción conjunta de las tres fuerzas hubiera provocado una revolución profunda, pero la burguesía tuvo miedo de lanzarse a fondo y el ejército apoyó a la corona, por lo que el movimiento obrero fue sofocado con relativa facilidad, con un balance de más de 70 muertos y dos mil detenidos. La burguesía pactó con la monarquía un gobierno de concentración, con Cambó como ministro, que prometió elecciones para 1918. La grave crisis del 17 había sido superada, pero los problemas continuaban en pie, pues debilitó aún más al sistema.

CRISIS SOCIAL

A partir de la crisis de 1917 los partidos liberal y conservador se encuentran en auténtica descomposición. Era evidente que el sistema canovista ya no daba más de sí. Se constituyen, desde entonces, gobiernos de concentración, en los que intervienen todos los partidos. Y fracasados los gobiernos de concentración, se volvió al turno dinástico (13 cambios de gobierno entre 1917 y 1923). Sin políticos de talla, la política española navegaba sin rumbo, y hubo de recurrirse a medidas de excepción, como la suspensión de la Constitución  y la clausura del Parlamento, pues ningún partido obtenía mayorías parlamentarias suficientes para gobernar.
El fin de la Guerra Mundial acabó con el espejismo del desarrollo económico. El atasco del movimiento comercial originó el hundimiento de la producción minera y textil e incluso de la agrícola. El paro obrero, la subida de precios y la insuficiencia de los salarios agravaron la inquietud social. En Barcelona, la CNT evolucionó hacia al el sindicato único y preconizó la lucha directa contra el patrono. Éstos crearon una federación de patronos que contrataron a pistoleros a sueldo para asesinar a los dirigentes obreros. Todo ello originó la época conocida como el Pistolerismo. La lucha entre ambos fue terrible, con cerca de 500 muertos en Barcelona en 1920. Las medidas tomadas por los patronos como el cierre de fábricas o por el gobierno no hicieron más que agravar la situación. En 1921 moría asesinado el jefe de gobierno del partido conservador, Eduardo Dato. En Andalucía, la situación de miseria del campesinado, dio paso al llamado trienio bolchevique (1918-1921), donde los anarquistas impulsaron las revueltas campesinas, solicitando tierras y más salarios y mejores condiciones de vida. Se quemaron cosechas, se ocuparon tierras y muchos ayuntamientos fueron controlados por los obreristas. Se puso fin a la rebelión con la intervención del ejército, la ilegalización de las organizaciones obreras y la detención de sus líderes.
El mismo año tuvo lugar la desastrosa derrota de Annual en Marruecos, donde el ejército español atacó a las tribus rifeñas que hostigaban a los españoles. El resultado fue un desastre, pues se produjo 13000 bajas españolas y se perdió todo el territorio ocupado. Tan grave fue la situación  que algunos jefes militares a proponer el abandono del norte de África ante la imposibilidad de dominar a los marroquíes. Por otro lado, la inquietud militar crece desmesuradamente. El tema de Annual iba a ser discutido en el Parlamento y se iban a pedir responsabilidades que podrían implicar al propio rey; esto provocó la movilización del ejército y de la derecha, que creían en la dictadura militar como solución a la crisis.


                                               Mapa del Desastre de Annual de 1921




LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA (1923-1930)



El 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, contando con el apoyo de las clases dirigentes burguesas y de las guarniciones militares, mediante un golpe de estado reclama el poder, que le es concedido por el rey, aunque había vacilado, pero finalmente aceptó, en un acto que será considerado una traición y acabará costándole el reino. Nadie se lanza a defender un régimen parlamentario desacreditado. Se esperaba que la dictadura pusiese fin a una situación de anarquía, de desorden callejero, de inquietud revolucionaria, y sobre todo, el miedo a una revolución social ante al auge de la conflictividad obrera y campesina. A ello habría que añadir el aumento del republicanismo, los nacionalismos y el desastre de Annual. Para conseguir todo esto y organizar el nuevo gobierno sobre la base de afirmación de la autoridad estatal, se suprimió el sistema parlamentario, se suspendió la Constitución y fueron disueltas las Cortes. El dictador aseguró que su gobierno sería una breve interrupción de la legalidad constitucional hasta que se solucionasen los problemas planteados. El lema de la Dictadura fue el de "Patria, Religión y Monarquía". Trató de llevar una política regeneracionista y populista que tratara, no de acabar con el régimen, sino de evitar que se democratizase.

De su mandato se pueden señalar dos etapas:



‑‑A) El Directorio militar (1923‑1925). Fue un gobierno transitorio, compuesto totalmente por militares. Las primeras medidas fueron la suspensión de la Constitución, la disolución del parlamento, prohibición de los partidos y sindicatos y cese de los altos cargos, así como una fuerte represión del obrerismo más radical. Este gobierno se consolida y obtiene un fuerte respaldo al conseguir resolver dos de los más graves problemas del país: en política interior el restablecimiento del orden público, acabar con el terrorismo anarquista, atender la cuestión social y poner en funcionamiento la administración a nivel municipal, provincial y central; en política exterior, pone fin a la guerra de Marruecos con el brillante Desembarco de Alhucemas (noviembre de 1925), con el apoyo de Francia, consiguiendo la rendición de Abd el-Krim, lo que permitió la posterior ocupación total del Protectorado español y la pacificación de la zona.

La iglesia, los terratenientes, la burguesía y hasta el socialismo aceptan el régimen, mientras la CNT es disuelta y la Mancomunidad de Cataluña suprimida, en un intento de fortificar el sistema centralizador.


                       El rey Alfonso XIII despachando con el general Miguel Primo de Rivera
 
‑‑ B) El Directorio civil (1925‑1930). Ahora el gobierno, bajo la misma jefatura de Primo de Rivera, lo forman técnicos y civiles apolíticos junto a militares, que se entregan a una continuada tarea de modernización y planificación económica (apoyándose en la coyuntura económica favorable de los años 20) y desarrollo de las obras públicas: saneamiento de la hacienda (Calvo Sotelo), política social, con el apoyo de la UGT y el PSOE, creación de los comités paritarios en las empresas, creación de monopolios económicos estatales, como Tabacalera y CAMPSA. También se traza un amplio plan de construcciones de carreteras y se crean las confederaciones hidrográficas para mejora de los regadíos y desarrollo de la electrificación rural. Las exposiciones internacionales celebradas en Barcelona y Sevilla en 1929 contribuyeron a dar esplendor al régimen. 
Ahora el régimen no tendrá un carácter transitorio, sino que trato de institucionalizarlo para darle continuidad, siguiendo el modelo del fascismo italiano. Así, en el orden político, cabe destacar la creación de un partido nacional, la Unión Patriótica (1927), especie de partido único, con el fin de apoyar a la dictadura. También se creó una Asamblea Nacional Consultiva (1927), de carácter corporativo, pues sus miembros no serán elegidos por sufragio, sino designados por las grandes instituciones públicas; además, se proyecta una nueva Constitución de la monarquía.
Pero no todo fueron aciertos, quedando muchas esperanzas incumplidas y muchos problemas por resolver. Así, no supo ni pudo realizar la reforma agraria, ni el saneamiento de la vida política española. El regionalismo quedó enmudecido, las Cortes y la Constitución de 1876 quedaron suspendidas, los partidos políticos fueron sustituidos por corporaciones (asociaciones laborales), también estaban suprimidas las libertades de prensa y asociación. Además, por otro lado, la oposición contra el Directorio fue cada vez mayor integrada por algunos sectores sociales: los políticos, los periodistas, los intelectuales (Unamuno a la cabeza, Ortega, Blasco Ibáñez...), los universitarios, el catalanismo, la CNT, el PSOE,  el capital y, al final, el mismo ejército.
Alfonso XIII, ante esta situación, le retira la confianza, y Primo de Rivera dimite el 28 de enero de 1930, aceptada por el rey, exilándose a Francia, donde moriría muy poco tiempo después. Se puede decir que Primo de Rivera fue un dictador populista, paternalista e ingenuo, pero no un tirano y, tal vez, su mayor error fue ignorar las necesidades democráticas de su pueblo.

LA CAÍDA DE LA MONARQUÍA (1930-1931)

En 1930 ante el vacío político existente, tras la dimisión de Primo de Rivera y la desaparición de la Dictadura, se llega a la siguiente y enfrentada situación: por un lado los sectores dinásticos y oficiales intentan de nuevo la difícil reconstrucción del viejo sistema de la monarquía parlamentaria; por otro, la oposición al sistema se había unido en un bloque político, el Pacto de San Sebastián (1930), donde los políticos socialistas, republicanos y catalanistas de izquierdas rechazaron la vuelta a la Constitución del 76 y se pusieron de acuerdo en favor de la República. Incluso el ejército pierde su cohesión monárquica.

En esta difícil coyuntura se suceden los gobiernos presididos por los militares Berenguer y Aznar, muy limitados en sus posibilidades de actuación política. Desbordado por la situación política, el gobierno no atiende la cuestión económica, en la que se advierten los primeros síntomas de la crisis económica mundial iniciada en 1929.

Berenguer fue incapaz de convocar unas elecciones que permitiesen el retorno a la normalidad constitucional (dictablanda se le llamó a su gobierno). Como era imprescindible convocar elecciones para salir de la situación creada por el estado de excepción de la Dictadura, el almirante Aznar decide convocar elecciones municipales, menos peligrosas para la monarquía Estas elecciones se presentaban como un referéndum a favor o en contra de la monarquía. El 12 de abril se produce el triunfo en las grandes ciudades de la coalición republicano‑socialista (aunque en el medio rural es mayor el número de concejales monárquicos). El 14 de abril es proclamada la II República española. La mayoría de los ministros y el propio monarca se muestran enemigos de toda violencia para permanecer en el poder. Alfonso XIII, dispuesto a que no haya derramamiento de sangre, decide suspender el ejercicio del poder real, abandonando el país, poniendo fin a la larga época de la monarquía parlamentaria.
Alfonso XII, Primo de Rivera y el Directorio militar.



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